ESTAIS INVITADOS. YO PAGO ESTA RONDA.
Ésta corre de mi cuenta.
Ésta corre de mi cuenta.
Queridos amantes de café, ¿quién no desea un buen café irlandés?, sobre todo en las tardes frías del invierno madrileño.
Aprendamos a realizarlo en casa.
Ingredientes:
- azúcar,
- café,
- nata líquida,
- azúcar morena y
- whisky irlandés.
Elaboración:
Con ayuda de una cucharilla echamos el whisky, previamente quemado con el azúcar, a un vaso de irlandés. Ayudados por la misma cucharilla, vamos añadiendo poco a poco por las paredes del cristal del vaso, y con mucho cuidado, el café evitando que se mezcle con lo anterior. Por último, y protegiendo también con la cucharilla, añadimos poco a poco la nata semimontada y acabamos decorando con una pizca de café en polvo por encima de la nata para que contraste el color.
Bueno, ya podemos disfrutar en casa de un delicioso café irlandés.
Una leyenda, conocida por musulmanes y cristianos, habla de que en una ocasión en que el Profeta estaba enfermo, el ángel Gabriel le devolvió la salud y la fuerza viril, ofreciéndole una bebida negra como la gran Piedra Negra que hay en La Meca.
Como esta leyenda corren otras muchas que subrayan la importancia que se le ha atribuido al café a lo largo de la historia humana.
Lo que parece cierto es que el café se empezó a consumir en las altiplanicies de Abisinia, donde crecía en forma silvestre su modalidad llamada Arábica.
De Etiopía pasó a Arabia y a la India, probablemente a través de peregrinos musulmanes que viajaban a La Meca, ya que las rutas de peregrinación fueron al mismo tiempo, durante siglos, grandes rutas comerciales.
Pero los grandes propagadores del café fueron los holandeses, que explotaron grandes plantaciones del mismo en sus colonias de Ceilán e Indonesia.
Ellos fueron los importadores del cafeto y quienes lo aclimataron en los jardines botánicos de Ámsterdam, Paris y Londres, desde donde pasó a la Guayana holandesa, al Brasil, a Centroamérica y a otros muchos países. Gracias a lo cual en tres siglos esta infusión ha pasado de ser casi desconocida a convertirse en una bebida universal que Bach, Balzac, Beethoven, Goldoni, Napoleón, Rossini, Voltaire y otros muchos personajes de la historia han consumido en grandes cantidades y elogiado desmesuradamente.
I. ORIGEN DEL CAFE
Las plantas de Café son originarias de la antigua ETIOPIA.
Es fácil confundirse con el origen verdadero del café, ya que antiguas leyendas sobre el cultivo y la costumbre de tomar café provienen de Arabia.
Uno de los más antiguos escritos que hace referencia al café es llamado "The Success of Coffee" (El éxito del café), escrito por un sensible hombre originario de la Mecca llamado Abu-Bek a principios del S.XV y fue traducido al Francés en 1699 por Antoine de Gailland, el mismo que tradujo "Thousand and One Arabian Nights" (Las mil y una noches).
La más fuerte y aceptada de las leyendas acerca del descubrimiento del café y la bebida del café es la que hace referencia a un pastor llamado Kaldi. La leyenda dice que Kaldi se dió cuenta del extraño comportamiento de sus cabras después de que habían comido la fruta y las hojas de cierto arbusto. Las cabras estaban saltando alrededor muy excitadas y llenas de energía. El arbusto del que Kaldi pensó que sus cabras habían comido las frutas tenía como frutas parecidas a las cerezas. Entonces Kaldi decidió probar las hojas del arbusto y un rato después se sintió lleno de energía.
Kaldi después llevó algunos frutos y ramas de ese arbusto a un monasterio. Allí le contó al Abad la historia de las cabras y de como se había sentido después de haber comido las hojas. El Abad decidió cocinar las ramas y las cerezas ; el resultado fue una bebida muy amarga que él tiró de inmediato al fuego. Cuando las cerezas cayeron en las brazas empezaron a hervir, las arvejas verdes que tenían en su interior produjeron un delicioso aroma que hicieron que el Abad pensara en hacer una bebida basada en el café tostado, y es así como la bebida del café nace.
II. DISPERSION DEL CONSUMO Y CULTIVO
Los Árabes fueron los primeros en descubrir las virtudes y las posibilidades económicas del café. Esto fue porque desarrollaron todo el proceso de cultivo y procesamiento del café y lo guardaron como un secreto. Los Árabes también trataron de evitar la extradición de cualquier semilla de café.
El café comenzó a conquistar territorio en el mundo como la bebida favorita en Europa, y llegó a Italia en 1645 cortesía de el comerciante Veneciano Pietro Della Valle. Inglaterra comenzó a tomar café en 1650 gracias a el comerciante Daniel Edwards, quien fue el primero que abrió un establecimiento de venta de café en Inglaterra y en Europa.
Otro autor, H.J.E. Jacob, afirma que el café como bebida en Europa comienza en Vienna con la invasión por parte de Turkish bajo el comando de Kara-Mustafa. Jacob además da crédito a un héroe de la época, Josef Koltschitzky, por abrir el primer "Cafe" en Septiembre 12 de 1683 en el centro de la ciudad de Vienna.
El café llegó a Francia a través de el Puerto de Marsella. En 1660 algunos comerciantes de ese puerto quienes sabían del café , sus atributos y efectos por sus viajes alrededor del mundo, decidieron llevar unos cuantos sacos desde Egipto y por 1661 la primera tienda de café fue abierta en Marsella.
La historia señala a Soliman Aga, el embajador de Persia en Paris durante el reinado de Luis XIV, como el primero en introducir el café en la Monarquía y la alta sociedad Francesa.
La primera tienda de café en Paris fue abierta al público en 1672 por Pascal Armeniano a lo largo de la tradicional avenida Saint German. Un Siciliano de nombre Procopio abrió una tienda similar cerca, donde se reunían alrededor del exquisito sabor del café, muchos de los mejores ejemplares de la sociedad Parisina. En 1689 Procopio trasladó su tienda de café a un lugar cerca al Teatro de la Comedia Francés donde prosperó y finalmente finalizó cuando ya era conocido en todo Paris.
Extraída del EL MUNDO DEL CAFÉ
Fecha: 1927
Características: 71,4x91,4 cms.
Ubicación: Des Moines, Des Moines Art Center, Permanent Collection
Comentario de Mark Strand: "Una mujer, cerca de la entrada y delante de la cristalera, está sentada sola ante una mesa redonda... La cristalera refeja solamente las hileras gemelas de luces que se alejan por el techo y ninguna otra cosa del interior... El cuadro sugiere diversas cosas, pero la más evidente y palmaria es que si el escaparate refleja lo real, entonces la escena tiene lugar en el limbo y la mujer sentada es una ilusión"
Descripción del propio Hopper: sólo menciona los objetos y los colores que les aplica.
Si tuviera que definir la sensación que me sugiere este cuadro la palabra sería SOLEDAD. Y a juzgar por la expresión del rostro de la mujer, no parece una soledad elegida: una mujer sola, triste y absorta ante una taza de café.
Yo con Jorgito comparto café y lo que haga falta. Aquí lo vemos, arremangado y con un mug repletito de café negro, que dan ganas de empezar a darle sorbos, al café me refiero. Y es que el café hace maravillas. ¿Qué os parece si colgamos esta foto en la pared del local? Nos alegramos la vista con Clooney y el paladar con el café, el plan está bien ideado, pero necesito la opinión de mis socios.
Son las 11:00 h. y llevamos tres horas de jornada laboral.
Es el mometo del descanso, del pitillo, de la tertulia, del relax, del otro café.
Lely ha hecho el café a priemra hora de la mañana, el aroma impregna toda la sala de reposo.
Cuando nos servimos el café cada una decide en que forma tomarlo.
A Belén le gusta así, fuerte, con leche y sacarina.
Mercedes...Mercedes ¡le ehca agua!.
Yo, lo tomo con un poco de leche y una pizquita de azúcar.
Es un instante en que aprovechamos para charlar de nuestras cosas, de fumarnos un cigarrito....
Volvemos al trabajo.
Cuando ha pasado una hora, mi cuerpo me pide EL OTRO CAFÉ; ese café que tomo sola y soñando.
Sueño que estoy en otro lugar y me deleito con la taza entre las manos y su sabor en mi paladar.
Viena. Septiembre 1998. Sentados en un café, tomando eso mismo, un café, sin prisas. Finalmente se nos hacía tarde y el camarero nos ignoraba, no acudía a cobrar. Yo, ingenua, lo veo mirar y le hago una seña al estilo español (sólo me faltó el "Jefe, cuando pueda") y él, simpático y educado como vienés, saluda y sonríe. Pero no viene. Mi marido, más práctico y expeditivo, da con la solución: "Vamos a levantarnos, verás cómo viene". Pues sí, vino, por fin... No fuéramos a irnos sin pagar un café carísimo que no era nada del otro jueves.
Pero eso sí, nos reímos a gusto gracias a la simpatía natural, o a la natural tendencia al cachondeíto del camarero vienés.
Esta obra de Federico Landi es el logo de nuestro Club. Parece real , ¿no? Dan ganas de coger la taza y darle un sorbo.
Su título es CAPUCCINO AL BAR.
Y ruego a mis bien informados contertulios, me saquen de mi ignorancia: por más que busco datos sobre este artista, lo único que encuentro son póster de sus obras en diversas páginas comerciales. ¿Quién es Federico Landi? Quiero saber más sobre él y su obra, ¿alguno de vosotros podría informarme?
Sus encuentros transcurrían ante dos tazas de humeante café. Su aroma los envolvía en una neblina fragante que los transportaba a un mundo sin dimensiones en las que sentirse atrapados, sin magnitudes precisas que los limitaran. Ante dos tazas de café humeante en Le Cafe Martin se les escapaba el tiempo y se diluía el espacio al abrigo de la conversación. Le Cafe Martin era su espacio y era su tiempo, fuera ya no había nada que pudiera interesarles. Ése era el lugar donde eran ellos, donde no había reservas ni pudores, donde lo más recóndito de cada uno afloraba sin freno ni medida. Hablar. Qué hermoso era hablar en ese lugar que tenían como propio, en ese acogedor y exclusivo Cafe creado por y para ellos.
Fuera transcurrió el tiempo. Y se les coló por alguna rendija de silencio. El tiempo invadió Le Cafe Martin y ya nada fue lo mismo. Se les coló por alguna rendija de silencio el espacio y tomó sin asedio previo Le Cafe Martin, y ya nada volvió a ser lo que era. Las dimensiones reales cubrieron su mundo sin dimensiones ni límites y lo destruyeron. No supieron evitarlo. ¿No quisieron? Tal vez pensaron que, a pesar de todo, de todos modos ocurriría... Siempre les quedaría el poso de tristeza, nunca les quedará París.
Como todas las secciones o temas de este blog, La Tertulia está pensada para que participéis activamente. Puesto que toda conversación requiere un tema, cualquiera de nosotros podrá proponer el que le apetezca mediante una imagen que dé pie al diálogo. El resto de temas también requieren vuestra participación. Sólo tenéis que ir a la pestaña "Publicar artículo" y pinchar. Y para inaugurar la tertulia, esta imagen y una frase: ¡Qué a gusto se está charlando tranquilamente con un cafetito delante!

Oigo el estimulante gorgoteo del líquido bullendo en la cafetera, subiendo desde el depósito inferior hasta casi rebosar. La retiro del fuego y aspiro ese aroma vivificante y único que despierta mis sentidos aún algo embotados por el sueño de una noche que casi ahora vio su fin. Cae el líquido oscuro y caliente en el pote como del caño de una fuente de manantial vitalizador y saludable. Le añado leche y el color va aclarándose mientras remuevo el café con la cucharilla, hasta adquirir un tono ligeramente más suave. Ya está listo para saborearlo. Nada de azúcar, un buen café manchado y casi amargo, para empezar a vivir otro día. Mientras tomo el café, sin prisas, veo a través de la ventana cómo el sol va elevándose despacio allá, en la línea de un horizonte casi oculto por árboles y casas de fachadas blancas. Está naciendo la mañana y yo renazco a este nuevo día gracias al sabor fuerte y tonificador de la infusión. Aspiro su aroma delicioso, todos mis sentidos se recrean en cada sorbo. Prolongo este primer momento del día, bebo despacio, deleitándome con el sabor y el olor de este manjar líquido y exquisito. El silencio envuelve este rito solitario y placentero. ¡Qué calma! ¿Cuánto durará? Lo que dure el silencio, lo que dure el placer de este primer y solitario café de la mañana.